Cómo abrir las puertas de par en par al futuro.

No tengo tiempo.

¿Te suena? Quizás porque es así cómo te sientes a menudo o porque en tu empresa oyes esta expresión con demasiada frecuencia.

En el mundo de las organizaciones, y sobre todo cuando se quiere aplicar un cambio que mejore una situación o status quo, es la excusa por antonomasia. 

Iniciar vuestra evolución hacia la empresa líquida puede encontrarse fácilmente con esta pared aparentemente infranqueable. 

Sin embargo, lo que quizás no hayas considerado todavía es que las empresas están repletas de situaciones cotidianas que son la oportunidad perfecta para empezar vuestra evolución hacia este modelo. Sobre todo cuando esas situaciones están generando malestar e improductividad.

En ellas, es relativamente fácil que la cuestión del tiempo se desvanezca.

Porque en esas situaciones ya no se trata de si crees tener tiempo o no, sino de priorizar la necesidad de salir airosos de una situación indeseable y nada conveniente.

¿Y qué tal si salís airosos de ellas, a la par que lográis un impulso adicional en vuestra evolución hacia esa estructura ágil, flexible, rentable, competitiva y feliz, que es la empresa líquida?.

Resolver una situación que os está yendo en contra y hacerlo incrementando, a la par, vuestra potencia en el mercado. Un 2×1 más que recomendable.

Es lo que te proponemos hoy a raíz de la consulta que nos envió una persona que quería nuestro asesoramiento. Nos expuso una situación que le causaba preocupación para conocer cómo resolverla desde el punto de vista de la empresa líquida.

Ella nos decía:

Últimamente hay mucho tráfico para llegar al trabajo y llegamos todas justas de tiempo y agobiadas. Soy la primera que me pongo a ordenar todo lo que veo que no está bien… y creo que este inicio genera estrés.

Puede que compartas una situación parecida. Puede que hasta la misma. 

Los retrasos, el malestar por los agobios, la sensación de que el equipo no responde como tú piensas que sería óptimo, el caos, el estrés…

Estas situaciones son ideales para empezar a aplicar algunos de los conceptos de empresa líquida. 

En particular, hoy verás en esta newsletter cómo tras una situación tan cotidiana y reconocida por todos, aguarda pacientemente la oportunidad de evolucionar hacia ese líder y equipos disruptivos que podéis llegar a ser y gracias a los cuáles, es posible pasar de una situación en la que te plantees “¿qué hago para resolver esto?” a contar con un líder y equipo que aceleran la mejora y crecimiento de vuestros resultados y logros.

El líder disruptivo ante el 

tráfico congestionado

 

Las personas no somos conscientes del impacto de nuestra comunicación y acciones en las personas que nos rodean. 

Una frase, una mirada, una palabra o un gesto, transmiten información que es interpretada por quien la capta, desde su perspectiva y estado de ánimo en ese momento.

Y como toda interpretación, puede diferir mucho de la intención inicial.

Cualquier persona debería saberlo para reducir o eliminar interpretaciones erróneas que, habitualmente, acaban en desencuentros donde las relaciones se perturban.

Pero si hay alguien que tiene que aprender a leer las señales, ese es un líder, ya que un líder gestiona personas y se relaciona con ellas constantemente. 

Luisa (nombre ficticio de la persona que nos ha escrito) es la líder del equipo del que nos habla. Ella ha captado estas señales: observa que se pone de forma inmediata a trabajar y, por lo que observa que sucede en el equipo, el estrés se apodera de todas. No es la situación que desea y quiere cambiarla por lo que se pregunta (y nos pregunta): ¿qué puedo hacer para cambiarla?

Y cuestionarse esto o no, es fundamental.

 Porque un líder es responsable de generar el contexto adecuado para que las cosas sucedan. 

El líder disruptivo, en la empresa líquida, amplía ese contexto y lo hace evolucionar a un contexto dónde las personas desarrollan su talento colaborando y co-creando con otras personas de su equipo u otros equipos, internos o externos de la compañía, con el objetivo de adquirir el hábito de aprender constantemente.Es así como llegarán a ser las personas creativas e innovadoras que las organizaciones necesitan para permanecer y crecer en el nuevo entorno.

El líder que asume esa responsabilidad es consciente de que, ante cualquier situación que perturbe ese contexto, debe actuar para equilibrarlo de nuevo y aprender de esa situación.

Si te fijas, esto implica que la tarea del líder de equilibrar el contexto a cada variación que lo desestabilice, es una tarea constante, con su constante aprendizaje.

Porque los cambios en el entorno, en nuestras circunstancias… son constantes.

Imagina un barco que sigue un rumbo en el que quieres permanecer para llegar a un destino. Todo el equipo debe remar en la misma dirección porque cualquier desvío del rumbo, por pequeño que sea, hará que el barco no llegue a ese destino deseado. 

Este es uno de los grandes errores que he podido observar en los equipos maduros. Es decir, en equipos que llevan mucho tiempo trabajando juntos. Se conocen personal y profesionalmente hasta tal punto, que en un momento determinado es como si ese barco mantuviera el rumbo automáticamente, por lo que el líder se relaja. 

Hasta que un día deja de funcionar y te preguntas: ¿cómo hemos llegado a esto?

Se ha llegado porque has perdido el foco, la intención, de liderar al equipo. Has confiado en que todo va bien.

La realidad es que en cualquier momento, como líder, puedes observar la aparición de una situación que impide brillar al equipo, ya sea por un tema individual o colectivo.

Y, al igual que Luisa, te preguntas:

¿Cómo tengo que actuar cuando detecto que algo no funciona bien?

¿Cómo logro reorientarlo?

Lo primero, ¡Felicidades! 

Cuando te formulas esas preguntas es que eres consciente de que algo no funciona dando sus mejores resultados y excelencia.

Y aquí empieza la gran tarea de un líder disruptivo.

Un líder es el responsable de 
velar por la armonía del equipo, 
no sólo por el desarrollo de sus 
funciones, sino también por 
el compañerismo, la comunicación 
y su bienestar. 

Y es que, está demostrado: la salud y el bienestar de un equipo incrementa la productividad.

A modo de ejemplo, Microsoft, en su sede de Japón, mejoró un 40% la productividad de su plantilla invirtiendo en su bienestar.

En el lado opuesto, sucede que la armonía y el funcionamiento excelente de un equipo pueden alterarse cuando existe caos y estrés. 

Uno de los aspectos que el caso de Luisa nos muestra, es que dichas situaciones no siempre son debidas a factores estrictamente laborales. A veces pueden darse por causas ajenas que, indudablemente, afectan al equipo, como en este caso. 

Es por ello que las empresas que velan por el bienestar potencian herramientas como el mindfulness, la meditación, el yoga… Para que las personas aprendan a regular su propio estrés, es decir, su bienestar personal.

Y es por ello también, que en un mundo de ajetreado y convulso cambio, estas herramientas adquieren cada vez más importancia.

En otras ocasiones, esa falta de armonía o funcionamiento excelente puede deberse a temas internos de cambios de dinámicas, de estructuras organizativas, de nuevos proyectos, nuevos negocios, fusiones, etc… que producen, inicialmente, caos o estrés.

Venga de dentro o venga de fuera, en cualquier caso detectas que existe una situación que rompe la dinámica beneficiosa para las personas, el equipo, y por ende, la empresa.


Acciones concretas 

para convertirte en un líder disruptivo 



El líder es el máximo responsable de velar por el buen funcionamiento del contexto. Está en sus manos actuar para reconducirlo, y sobre todo, hacerlo lo más rápidamente posible.

Por eso, si detectas que la situación requiere ser reconducida, empieza a trabajar para lograrlo.


¿Qué hago?

 

Evalúa si es algo individual o colectivo.

Individual será cuando una persona, por alguna circunstancia que obviamente desconoces, está generando una situación no deseada en el equipo, repercutiendo negativamente en su dinámica y, en consecuencia, en la actitud de cada una de las personas.

Colectivo será cuando es algo que percibes de todo el equipo, o casi todo el equipo, observando una caída global de la actitud y funcionamiento.

En ambos casos lo que percibes es un cambio de dinamismo y estado de ánimo que por supuesto, altera los resultados.  Se ha mermado el contexto de productividad, aprendizaje, innovación y bienestar en el que estábais.


¿Por qué está sucediendo?


Toca averiguarlo, solo así podrás buscar soluciones.


¿Cómo lo averiguo?

Aquí llega la varita mágica a la que hay que enfrentarse sin miedo y con mucho tacto:

Dialogando

Y no hay otra por mucho que la busques.

Hemos de entender que un líder disruptivo no es adivino.

Dicho esto, si tú como líder detectas algo pero no dices nada, ¿cómo crees que la persona (individuo) o el equipo (colectivo) va a saber que observas que no está funcionando?

Grábate a fuego esta frase:  

“Si no lo digo, no lo saben”.

La persona a iniciar ese diálogo eres TÚ, su líder.

Estas son las conversaciones difíciles de un líder.

De las que se aprende mucho y en las que tus habilidades se ponen a prueba, especialmente: la empatía, la escucha activa, la asertividad y la toma de decisiones.

Y si no lo haces, entonces tienes que asumir que las cosas no van a cambiar solas.

Recuerda que el líder es el que hace que las cosas sucedan, y en consecuencia, si no haces nada por resolver la situación, solo hará que empeorar poniéndote cada vez más en una tesitura incómoda y de difícil solución.

¿Has oído alguna vez la frase “los problemas se enquistan”?


¿A quién se lo digo?

Individual: mantén una conversación con la persona con la que detectas que existe un problema. Expón claramente lo que observas, siendo objetivo y centrado en las acciones concretas y, una vez expuesto, primero pregunta el motivo. 

A veces, puede sorprenderte.

Una vez hayáis tenido esta conversación, y en base a ella, buscad una solución conjuntamente que pueda corregir la situación y volver a recuperar la armonía en el equipo.

Esta es también una gran oportunidad para hacer consciente a la persona de otra clave: “Si no me lo dices, no lo sé”.  

De esta forma puede aprender que la comunicación en los dos sentidos (líder-equipo y equipo-líder) es clave para que todos estemos funcionando de forma excelente. 

Como líder, recuerda que para que una persona se atreva a comentarte algo que le está afectando en su rendimiento, tiene que existir una relación de confianza y una conciencia de lo que supone su bajo rendimiento en la productividad del equipo. Pero eso no se consigue si no generas continuamente el contexto de aprendizaje, colaboración y co-creación por el que apuesta el liderazgo disruptivo en la empresa liquida.

Colectivo: es exactamente el mismo proceso que en el caso individual, pero esta vez con todos los miembros del equipo. 

En este caso, cuentas con una oportunidad de oro para involucrarlos en el aprendizaje fruto de esa situación que acabas de resolver con ellos. Así es como conseguirás que velar por la armonía y bienestar del equipo, sea asumida como una responsabilidad de todos y no una tarea exclusiva del líder.

Podría existir la variante de, primero hablar con cada uno de ellos y luego en el equipo, pero ésta sólo debería aplicarse en situaciones muy complejas o mejor dicho, excesivamente enquistadas. 

Algo a lo que no llegarás si eres un líder disruptivo y aplicas a tiempo una conversación difícil, que con el tiempo, ya no serán difíciles porque no las necesitarás.


El equipo es tan importante

como el líder

Cuando el equipo está cohesionado y se ha introducido el contexto que genera un líder disruptivo, entonces es el propio equipo, y no sólo el líder, el que vela por el buen funcionamiento del mismo. 

Gracias al contexto generado todos quieren sentirse bien disfrutando de lo que hacen, y han aprendido que cualquier persona puede contribuir a rectificar una situación que no ayuda al equipo a ser excelente. 

La clave de las personas que están en una empresa líquida es la integración en su cultura de un principio básico:

 

Todos aportamos, 
y por eso esto funciona. 

 

Todos deben ser conscientes de que pueden aportar y deben tener el contexto para sentirse libres aportando y velando por esa armonía. 

La relación líder y equipo se fragua con un saber hacer de colaboración, aportando todos, porque el peso no puede sostenerse sólo desde el líder en una empresa líquida que fluctúa ágilmente con las circunstancias.

Entre todos se construye y se acelera el rendimiento por la contribución consciente e intencionada de todas las personas.

Los proyectos, los procesos, las ideas, siempre salen en una empresa líquida, porque siempre hay alguien (cuando no es una persona, es otra) detectando las necesidades. 

Aquí está el motor imparable de este modelo de empresa. Todos contribuyen constantemente con sus acciones para corregir las distorsiones cuando se percibe que algo no está funcionando a su máxima eficacia. 

Y aquí está también una de las grandes aportaciones de la empresa líquida. Porque cuando todos se co-responsabilizan y actúan así, la organización garantiza su sostenibilidad en el mercado y el tiempo.

Los líderes disruptivos hacen que eso sea una realidad, gracias a la creación y cuidado de un contexto que vela porque exista armonía en el equipo, compañerismo, comunicación y bienestar.

Un contexto que permite a ese equipo evolucionar a un equipo imparable que acelera la mejora y crecimiento de los resultados, alcanzando logros innovadores y brillantes.

***

Los líderes exitosos ven oportunidades en cada dificultad, en lugar de dificultades en todas las oportunidades.

Reed Markham


 

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Carme Castro, CEO de Kainova

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