Hay reuniones que terminan… y todos salen convencidos de que lo que se ha dicho funcionará.
La realidad es distinta: días después descubren que esa decisión sigue sin producirse.
Quizás lo has visto con una decisión que necesita otra validación. Con un proyecto que vuelve a retrasarse. O con dos departamentos que discuten, otra vez, por lo mismo.
La reacción es lógica: intentar que deje de pasar cuanto antes.
Pero una y otra vez acaba sucediendo de nuevo.
En uno de los proyectos que acompañamos, un área llevaba tres años intentando resolver los mismos bloqueos organizativos.
Habían cambiado procesos, hecho formaciones y lanzado nuevos planes de acción.
Trabajar sobre los síntomas, intentando que esas fricciones desaparecieran cuanto antes, no terminó de funcionar.
Solo cuando dejaron de preguntarse cómo eliminar aquellos problemas y empezaron a preguntarse por qué seguían apareciendo consiguieron desbloquear la situación. En 90 días, el área pasó de tener un 50 % del equipo bloqueando el cambio a un 98 % alineado.
Porque el problema no era la fricción.
La fricción estaba señalando el problema.
Cuando un problema vuelve una y otra vez, suele ser porque no está en ese problema.
Está en la forma en que las personas toman decisiones, colaboran y hacen circular el criterio.
Por eso algunas organizaciones pasan años resolviendo incidencias sin conseguir reducir el desgaste que ello les supone.
El verdadero problema está en corregir constantemente los efectos sin abordar la causa que los origina.
Las fricciones repetidas revelan cómo funciona realmente una organización: cómo se toman las decisiones, cómo circula el criterio y dónde se generan los bloqueos que limitan su capacidad de evolucionar.
Una organización empieza a avanzar cuando deja de preguntarse cómo eliminar una fricción y empieza a preguntarse qué está revelando sobre su forma de funcionar.
Resolver esto exige avanzar hacia una Empresa Líquida™: una organización capaz de convertir las fricciones en información útil para evolucionar antes de que se conviertan en un problema mayor.
Porque muchas veces aquello que más intentamos eliminar es precisamente lo que mejor explica cómo funcionamos las personas en las empresas.