Hay semanas en las que el equipo no deja de trabajar.
Y, aun así, al cerrar la semana, tienes la sensación de que la empresa ha avanzado menos de lo que debería.
Muchas veces esto ocurre porque la empresa sigue trabajando como siempre cuando ahora el mercado es otro.
Eso fue lo que encontramos en una empresa familiar con casi 90 años de historia en la que el equipo trabajaba de una forma que ya no respondía a lo que el negocio necesitaba.
No cambiamos los valores.
Cambiamos la forma de delegar, decidir, colaborar y atender al cliente.
Y, poco a poco, empezó a cambiar la forma en que las personas trabajaban cada día.
Así se construyó un equipo más sólido, una empresa reconocida por su capacidad de innovación y un incremento del 10 % en ventas.
Lo que cambió primero no fueron los resultados.
Fue la cultura organizacional.
La cultura organizacional no son los valores. Son los comportamientos.
La cultura no son los valores escritos en una pared.
Es ese «aquí se hace así».
Esa manera de trabajar que las personas terminan aprendiendo:
- Cómo se toman las decisiones.
- Cómo se resuelven los problemas.
- Cómo se atiende a un cliente.
- Cómo se colabora cuando aparece una dificultad.
Por eso una cultura puede frenar a una organización cuando sigue enseñando comportamientos que antes funcionaban… pero el negocio ya necesita otros.
El equipo recurre a rutinas que antes ayudaban y ahora limitan la capacidad de evolucionar.
Para esta empresa familiar, el incremento del 10 % en ventas fue la consecuencia visible.
El verdadero cambio empezó mucho antes.
Cambiar la cultura significa cambiar la forma de trabajar
La cultura no cambia cuando se redactan nuevos valores.
Cambia cuando cambian los comportamientos que las personas repiten cada día.
Cuando delegar deja de hacerse de una manera y empieza a hacerse de otra.
Cuando las conversaciones difíciles dejan de evitarse.
Cuando cada persona asume responsabilidades distintas porque el negocio necesita otra forma de funcionar.
Avanzar hacia esa cultura capaz de adaptar su forma de trabajar al mismo ritmo que cambia su realidad es avanzar hacia una Empresa Líquida™.
Porque una organización mantiene su capacidad de evolucionar cuando sus comportamientos evolucionan al mismo ritmo que lo hace su negocio.
La pregunta que puede revelar el verdadero estado de vuestra cultura
La próxima vez que reviséis vuestros valores, quizá la pregunta más útil no sea si siguen siendo los adecuados.
Quizá sea esta:
¿Qué comportamiento seguís repitiendo cada día que impide que vuestro negocio avance?
Si quieres profundizar en por qué la cultura no es una consecuencia del negocio sino uno de sus principales motores, puedes leer también La cultura no acompaña al negocio. Lo produce.