Por qué una cultura innovadora no se centra en la innovación.

El 31 de julio de 2011, un emocionado Ferran Adrià iniciaba una nueva aventura tras despedirse de El Bulli con una fiesta la noche anterior. Una fiesta que servía, a la par, para dar la bienvenida al nuevo centro de creatividad en que debía convertirse el restaurante en 2014.

 Cuenta el artículo de La Vanguardia que relata aquel momento, que el pastelero Christian Escribà, mejor amigo del chef, comentaría después al Magazine: “Últimamente lo veo pletórico. No sé si alguien puede sentirse mejor de lo que ahora está él. Sinceramente, yo estaría acojonado porque todo lo desconocido suele generar inseguridad, pero él es valentía pura y dura”.

 La experiencia me dice que si preguntaras a las personas de tu organización con qué actitud se sentirían más identificadas, La de Ferran Adrià o la de Christian Escribà, ante una situación como la que vivía el chef de El Bulli en aquel momento, la mayoría se situarían junto a Escribà:

 Junto al miedo a lo nuevo y desconocido y junto a la inseguridad.

 Si Ferran Adrià, ante el abismo que comporta lo nuevo y diferente, se sentía pletórico, es porque tal y como él confiesa, odia lo previsible: “Había llegado un momento en que todo estaba previsto, todo estaba escrito y organizado. Y a nosotros no nos gusta la rutina”.

 Esta actitud ante lo nuevo y diferente, esto que Escribà llama valentía pura y dura, es sobre todo: Actitud innovadora

 Y es lo que hizo de El Bulli, lo que fue El Bulli.

 No hace falta ser Ferran Adrià y tener una creatividad innata fuera de serie para ser poseedor de esa actitud innovadora en tu empresa.

 Pero sí hace falta ser poseedor de ella.

 Sea cual sea el puesto de la organización en el que estés. Sea cual sea la responsabilidad a tu cargo.

 Esto implica que todas las personas en una organización, sin excepción, deben contar con esta actitud innovadora.

 
Porque vivimos en un entorno, 
una era, que marca que 
sólo la mejora continua 
de aquello que hacemos y vendemos 
y de cómo lo hacemos y vendemos, 
nos permitirá continuar adelante 
como empresas solventes que crecen.

 

La mejora continua sólo es posible cuando la actitud en las personas es una actitud innovadora.

 Y como la mejora continua, las personas y la innovación son temas primordiales en la Empresa Líquida, la actitud innovadora no podía faltar como una de las Grandes Ideas de la Empresa Líquida.

 

La actitud innovadora…

¿dónde se compra?

  

”En lugar de hablar de innovación, habría que hablar de actitud innovadora y adaptación de modelos de éxito” Ferran Adrià.

 

 Afortunadamente, la actitud innovadora, ni se compra ni se vende. 

Se despierta, se incentiva y se potencia.

 Pero despertar el interés por innovar puede ser, aparentemente, misión imposible. 

 En primera instancia, a la mayoría de personas el verbo innovar les evoca una acción totalmente alejada de ellos y sobre todo, de sus posibilidades.

 En otras ocasiones, existe una enorme falta de comprensión de la verdadera naturaleza del concepto innovar (alterar las cosas introduciendo novedades). Por lo que, aunque en realidad todos podemos acabar innovando con más o menos facilidad en nuestro día a día, se acaba relegando esta acción a momentos y personas particulares.

 Como tercer posicionamiento ante el concepto, algunas personas establecen directamente la siguiente asociación: innovar es “inventar algo” Y acto seguido piensan: pero yo no soy inventor/a…

 En cualquier caso, nos sentimos pequeños ante la posibilidad de ser capaces de innovar.

 Sin embargo, la realidad es que sí, cualquier persona puede hacerlo.

 Al igual que cualquier persona puede realizar una actividad a priori inviable, como por ejemplo: correr una maratón, escribir un libro o hacer una charla TED.

 Todo es posible si existe la intención de lograrlo, ponemos los medios adecuados para hacerlo y se avanza paso a paso hasta llegar al objetivo.

 Las empresas necesitan innovar. Lo han entendido y eso es lo que trasladan a los equipos de trabajo. 

 Pero entender la innovación no es comprenderla.

 Y esa comprensión puede estar ausente tanto en los equipos como en la dirección. 

De hecho, si los equipos no lo comprenden, con toda probabilidad es porque sus líderes también están pendientes de dar este paso, todavía.

 Es de este modo, con esta falta de comprensión del concepto “innovar” que lo que en principio era una gran idea y un paso adelante para la empresa, se convierte en una losa que estresa, pues es algo que las personas de la organización acaban por ver muy alejado de sus posibilidades, incluso inviable.

 Pasar de lograr resultados concretos a innovar no es tan sencillo.

 Al igual que no lo es pasar de no correr a hacer una maratón, o de no ser escritor a escribir un libro, o de no ser un conferenciante a hacer una charla TED.

 Hay que recorrer un camino.

 Hay que evolucionar.

 Y hay que poner los medios adecuados para esa evolución.

 Al igual que las personas ponen intención y acción para lograr alcanzar sus propios retos, la empresa es la responsable de hacer lo mismo cuando quiere dar un giro en su cultura hacia la innovación. 

 
Esa intención y acción podrán
tangibilizarse cuando las
empresas – sus líderes –
comprendan que innovar
es en realidad acompañar a
las personas a tener una
actitud innovadora en su
actividad profesional. 

 Y esa actitud es lo que interesa que esté en todas las personas de la empresa.

Porque es lo que permite mejorar en cualquier ámbito y a cualquier persona, dentro de la organización y en el propio modelo de negocio.

 

Rupturas que permiten

avanzar

 

Aceptar este enfoque de la innovación supone una ruptura con el enfoque con el que las personas comprendían el trabajo hasta ahora.

 Ningún profesional, ingeniero, administrativo, enfermero, psicólogo, relaciones públicas, programador, etc., empieza en una empresa pensando “voy a innovar”, y tampoco se lo plantea mientras está en ella.

 Como la empresa tampoco genera el entorno para que esa innovación sea viable, el plato “Cero innovación = Cero mejora continua” está servido.

 El problema no es baladí. Decía al principio que, en el entorno turbulento en que vivimos, sólo la mejora continua nos permitirá avanzar como empresas solventes que crecen, gracias a la capacidad generada por la mejora continua, de reinventarse ante cada nuevo giro de los acontecimientos.

Todo es cuestión de cultura

 

El contexto de la empresa, su cultura, es la que permite o no, realizar una actividad y mejorar constantemente: mejorar tu producto o servicio, mejorar tus ventas, mejorar tus costes…). Mejorar cada acción y proceso del negocio.

 Sin embargo, en muchas empresas no existe la cultura de invitar a las personas a proponer ideas, pensar diferente, experimentar propuestas, validar su viabilidad, aprender de cada una de las acciones…, hasta lograr esa propuesta que aporta un valor significativo.

 Cuando lo cierto es, que todas estas acciones son las necesarias para fomentar la actitud innovadora.

 Lo que venimos haciendo y perpetuando es uno de los grandes errores que se repiten en las empresas:

 Se fomenta la actitud del hacer más que la de pensar.

 Darle la vuelta a esta afirmación está en manos de quienes establecen la cultura que impera en la organización.

 Del mismo modo que está en sus manos comprender que la cultura de la empresa es el campo de cultivo para potenciar esa actitud innovadora.

 

El paradigma Innovador

 

 La actitud innovadora rompe con la trayectoria profesional clásica y la educación socio-cultural de generaciones anteriores a los millennials.

 La actitud innovadora es imaginar, soñar, reflexionar… Pensar para crear algo genuino, distinto, que aporte valor a la empresa, a sus clientes y a la sociedad.

 La actitud que todo el equipo humano – todas y cada una de las personas – de la organización han de instaurar en su día a día, será posible si los líderes construyen la cultura para que el talento se ponga en acción y despliegue su potencial con actitud innovadora.

 Los profesionales que se encuentran en una posición de management tienen influencia en sus equipos. Influencia que han ido proyectando durante años y por ello su papel es clave.

 Ahora les toca renovar esos paradigmas de management, entender el contexto del siglo XXI y ser los impulsores de promover esa actitud innovadora.

 Instaurar y promover una actitud en un colectivo requiere de esa influencia e inspiración de sus líderes para acompañar a las personas de sus equipos en la integración de una actitud innovadora. Y, por supuesto, han de ser modelo y ejemplo, pues ésa es la fórmula infalible: aprender con el ejemplo, modelar de quien puedo aprender y crecer.

  

Los analfabetos del siglo XXI no serán los que no sepan leer y escribir, sino los que no sepan aprender, desaprender y reaprender.”

Alvin Toffler

 

 El papel de los líderes en la integración de una actitud innovadora y en la transformación cultural es tan importante y tan disruptivo, que nuestro programa para crear líderes con esta actitud y con la capacidad de estimular, inspirar e influir en sus equipos, se llama RE-Evolución, porque este cambio supone una auténtica evolución y revolución para las empresas.

 La cultura se construye con acciones pensadas estratégicamente, para poder llegar por fin, al punto en el que queremos (debemos) estar.

 Por eso, Re-Evolución es en realidad un Entrenamiento para líderes en el que, mediante conceptos innovadores, práctica, práctica y práctica, comprueban por sí mismos el enorme potencial que tiene despertar el talento dormido y fomentar una actitud innovadora.

Se trata de que los líderes comprueben cómo sus paradigmas se renuevan y su propio potencial se expande.

Con los mismos recursos (el mismo equipo humano), las empresas obtienen resultados muy diferentes (más productividad, entusiasmo, compromiso e implicación), o lo que es lo mismo… Las empresas ¡innovan!

Innovar es encontrar nuevos o mejores usos a los recursos de los que ya disponemos.

Peter Drucker

 

Esta es la forma en que se adquiere, fomenta e integra una actitud innovadora.

 

El enfoque del liderazgo disruptivo
y el entrenamiento en las
habilidades cambia paradigmas.

  

Hablemos de los Beneficios

 

 Los grandes beneficiados son los líderes y las personas de los equipos. 

 El gran beneficio es que la actitud innovadora se instaura en la cultura, filtrándose en cada una de las personas por imitación, por creencia, por mimetización…. Sea cual sea el motivo, logras tener una actitud innovadora… innovación… aceleración y avances gigantescos.

 Los beneficios también son numéricos, con un impacto directo en el negocio.

 Puedo compartir contigo algunos ejemplos concretos de los participantes en nuestro programa RE-Evolución:

 Uno de los líderes, compartió cómo logró, en poco tiempo, pasar de plantearse despedir a una persona de su equipo a que duplicara su productividad y modificara su actitud a plena colaboración en el departamento.

 Otro líder compartió cómo pasó, de una rebelión en el departamento, a oportunidades de cambios, mejoras individuales e incremento de productividad del equipo.

 Cuando la evidencia habla por sí sola no podemos estar más de acuerdo con esta frase de Eric Hoffer:

«En tiempos de cambio quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe».

Eric Hoffer

Hablamos de resultados y beneficios, ¿en qué lado quieres estar tú?

Una clave: Actitud Innovadora.

***

 El cambio cultural es un camino que lleva tiempo.

 Necesita, como todo cambio, liderazgo y motores del cambio.

 El liderazgo, sin lugar a dudas debe ser abanderado por el CEO de la compañía y junto al experto en personas, realizar un tándem para impulsar el cambio de modelo. 

 Los líderes son los primeros que han de abrazar este cambio, disfrutar de él y ser modelo.

 El acelerador en las empresas está en las personas, en los profesionales.

 Si sumamos el factor consciencia e intención de mejora: aceleramos instaurar una cultura innovadora.

  


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Carme Castro, CEO de Kainova

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