Un punto intermedio del que se habla poco.
Y luego están las que funcionan…
pero empiezan a pesar.
Un punto en el que la empresa sigue avanzando,
los resultados acompañan,
la tecnología está dentro,
el equipo responde…
y aun así, decidir empieza a pesar más de lo razonable.
No porque se decida mal.
Sino porque demasiadas decisiones siguen dependiendo de una sola persona.
En ese punto suelen aparecer señales conocidas:
Nada de esto significa que la empresa esté mal gestionada.
Significa que el sistema de decisión empieza a no acompañar al nivel de complejidad actual.
En este punto, el reto ya no es aprender más,
ni añadir herramientas,
ni empujar más fuerte.
El reto es otro:
seguir decidiendo bien —y haciendo avanzar a la organización— sin cargarlo todo sobre uno mismo.
Y eso rara vez se resuelve desde dentro del propio sistema.
Acompañar no significa delegar las decisiones.
Ni que alguien decida por ti.
Significa pensar con alguien que no esté condicionado por las dinámicas internas de la organización,
que no arrastre las mismas inercias,
y que te permite ver patrones que, desde dentro, cuestan de identificar.
No para cambiarlo todo.
Sino para entender qué está pidiendo el momento y dejar de ser, sin darse cuenta, el cuello de botella.
Este tipo de espacio NO tiene sentido si:
En cambio, es especialmente útil cuando:
A veces, antes de cambiar nada,
es útil crear un espacio para mirar con más perspectiva
cómo se están abordando los retos hoy.
Entender qué está pidiendo el momento
y desde dónde tiene sentido seguir avanzando.
Decidir si seguir empujando igual…
o pensar desde otro lugar.
© Kainova, 2026
Recibe nuestra newsletter con contenidos prácticos para llevar la innovación y disrupción a tu empresa.